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Steve Aoki, el DJ de la leyenda japonesa

Escrito por Juan Sebastián Penagos / @jspenagos

Un DJ de ojos rasgados, pelo largo tipo rock-star, barba y bigotes tipo candado, e imágenes de ese sujeto arrojando pasteles al público y lanzándose al mismo en botes de rafting serían realmente pocos elementos para describir a uno de los fenómenos más llamativos de la música electrónica actualmente.

Steve Aoki, a pesar de su aspecto y ascendencia oriental, nació en New Jersey, Estados Unidos, y se crió en el estado de California. Es hijo de Hiroaki Aoki, conocido en Estados Unidos como Rocky, un japonés con ciudadanía americana que llegó al país anglosajón después de dejar la música por el deporte y convertirse en una leyenda de la lucha, con honores en el Salón Nacional de la Fama de esa disciplina. “Rocky”, padre de Steve Aoki, fue fundador de la cadena de restaurantes de comida japonesa Benihana y dueño en su momento de una fortuna de cerca de 100 millones de dólares. También fue corredor de botes rápidos o lanchas a motor, deporte en el que casi pierde la vida en 1979. Por eso, tal vez, Steve Aoki suele pedir botes para sus presentaciones, oportunidades que aprovecha para lanzarse a la marea de seguidores mientras recuerda a su padre, quien murió en 2008 por causa de una pulmonía. Aunque, sí, tal vez sólo lo hace por diversión.

De cualquier forma, la normalidad no hace parte de la vida del DJ número ocho del mundo. Es graduado de sociología y dicen que tiene un título en estudios de la mujer. También cuentan que en su época universitaria era la estrella de la liga deportiva de fútbol y que su héroe de infancia es Bruce Lee, personaje que motivó el nombre de su compañía discográfica: Dim Mak Records, sello por el cual salió Wonderland, su primer álbum de artista y por el que fue nominado al Grammy en 2013.

Con todas estas particularidades, Steve Aoki se consolidó en poco más de dos años en el Top 10 de DJ Mag y se convirtió en uno de los DJ más populares del momento, considerado uno de los actos más atractivos e infaltable en los grandes festivales del mundo como el Tomorrowland, el Ultra Music Festival e incluso el Coachella.

Y es que más allá de sus producciones, en las que ha trabajado con figuras como Armand Van Helden, Kid Cudi, Linkin Park, Zuper Blahq (Will.i.am), y de sus remixes a artistas como Lenny Kravitz, Duran Duran y Michael Jackson, la marca de Aoki se nota tanto en la multiplicidad como en la sencillez de su material, desde temas electrohouse con tendencia hardore como Turbulence y Flight, pasando por líneas más progressive como Ladi Dadi y Year Million, todo enfocado a generar euforia en su audiencia.

Precisamente, Steve Aoki es experto en desatar ese estado entre los asistentes a sus presentaciones, independientemente de sus preferencias musicales. El dueño de Dim Mak se escapa de un molde en donde las destrezas como DJ y la capacidad para contar una historia a través de las variantes musicales son lo más importante; en este caso, su habilidad como actor y “performer” pasan a un primer plano. Va más allá del hecho de entretener a un público con un objeto musical sino que se rompe la barrera entre el que entretiene y los que son entretenidos puesto que todos, en sus respectivos papeles, -incluso el de repostero- juegan un rol vital en ese teatro nocturno, donde él como sujeto le da tanta importancia a las tablas como a la pantalla. Por eso en sus shows hay gente pidiendo ser pasteleada, montándose en botes e interactuando en una gran foto masiva con el artista.

Algunas personas tienden a despreciar ese tipo de entretenimiento por considerarlo una actividad ajena a lo culto. Sin embargo, Marty Kaplan, fundador del Norman Lear Center, centro para el estudio del impacto del entretenimiento en la sociedad, dice que “la tragedia griega, género teatral de la Antigua Grecia, era el entretenimiento popular, y lo que conocemos hoy como arte culto, como los poemas épicos y los recitales de los poemas de Homero, eran algo así como un partido de fútbol, donde miles de personas se reunían para ver un espectáculo.

En todo caso, Aoki continúa la leyenda excéntrica y exitosa de su familia. El actor que hace las veces de DJ sabe muy bien lo que hace; sus estudios en sociología no deben ser en vano y sus pasteles son la prueba de ello. Lo seguro es que, más allá de los gustos musicales, Steve Aoki es garantía de fiesta y euforia colectivas, como el que genera “Persuit of Happiness”, uno de sus remixes más populares, y que fue parte de la banda sonora de la película Proyecto X. La experiencia de verlo en escenario no debe ser muy diferente.

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